Te duele y reís,
y las lágrimas te caen como yunques.
Pero vos te reís
mientras las lágrimas te caen como yunques de los ojos.
Y cada tanto un jadeo
y otra vez la risa.
Se te achinan los ojos empañados,
ojos ahogados en agua salada.
Más abajo:
las gotas de la tormenta
en las comisuras de la boca.
Y una sonrisa,
curvadita,
haciendo de barco.
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