La asquerosa tibieza
de la inapetencia
lo que no trasciende
ni cambia las luces de ningún semáforo
porque están programadxs para hacerlo
todxs
y cada unx
el pacifismo
es un palo de escoba metido en el culo
es la máscara con la que
a veces
se visten lxs conformes
y por las noches
(a veces también los días)
la repulsiva necesidad
de sentir al héroe
y la lamentable angustia
de no poder abarcar
cuáles injusticias en el mundo
todas ellas
cada una
la hipocresía
de levantarse de la cama
con cuáles pretextos
y ver morir las frutas sobre la mesada de la cocina
verse también de pie
desnudxs y pútridxs
como las frutas
frente al monstruo de la perversión
con la que se tiñen quienes mandan
todxs
y cada unx de ellxs
se huele nuestra peste
y aflora el vómito como todas esas noches
las palabras regurgitadas a la vera de la nada
se evaporan cuando suena la alarma de mi despertador
y cuando no aguanto más
tanta inmundicia
quiero creerte
pero no puedo
porque a veces
tengo un ojo abierto
lo veo
me doy cuenta cuando miro de refilón hacia algún espejo
y entonces allí lo veo
que ya cansadxs de las batallas mentales
nos asomamos a la ventana
esas noches
(también esos días)
clamando por verdades que
llorando hasta inundar las avenidas
por verdades que
de saberlas
tampoco haríamos nada más que mirar por las ventanas cómo otrxs ponen el cuerpo.
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