Un tintineo en los bolsillos
y una idea
se gesta desde lo más hondo.
Te estoy mirando
(como cuando me miro las manos).
Tus ojos se dieron vuelta,
alcancé a verlos
(tal vez).
Ha amanecido,
se siente la humedad
que el sol ocasiona en el asfalto
recalentando el rocío de la madrugada.
Hay luz,
pero no se ve.
Está oscuro aquí dentro.
¿Dentro de dónde?
De tu cabeza, marinero.
Dentro.
En tu cabeza, capitán,
se tejen las telarañas.
Allí todos los vidrios de las ventanas
están rotos;
y tu rostro se ve
tan resquebrajado ahora.
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