9 jun 2018

Ser o no ser a toda marcha

No puedo luchar contra cada gigante que se me impone, sin saber distinguir de entre ellos, a los molinos. No puedo luchar constantemente contra lo que la modernidad me dice que ahora debo luchar. Lo vigente. Lo que ahora pesa. De nuevo. Y es esto y es aquello. Y la comodidad es signo de abombamiento del espíritu, y si no lo hacés, no sos tan ni sos parte verdadera del cambio de nada. Si estás cansadx de pensar y de luchar contra esas estructuras, es porque sos parte del enemigo, es porque no entendiste nada. Siempre va a haber una parte en la que falles, porque necesitan que sientas que no podés; siempre va a haber algo que estés haciendo mal y siempre te lo van a marcar. Tenés que moverte o te quedás atrás. Todo el tiempo hay que llevarse a vivir situaciones que demuestren a no sé quién, que somos pensadores alternativxs, que podemos contra esta asfixia espiritual. Te van a hablar de unión, pero no estás ahí. Crearemos nuestra esencia mientras haya un antagónico con el que tengamos que luchar. Si esas ilusiones desaparecieran, no seríamos nadie, se anularía tu identidad. No todo son ilusiones; sin embargo, hay muchos manantiales con aguas de arena en este desierto. Y todo el tiempo de mi vida, se desarma en la silla, en la que me tumbo a agarrarme la cabeza, pensando en que necesito un par de lentes nuevos mientras me masajeo las sienes, cuando en realidad lo que necesito es parar este desquicie que me aplasta sin piedad.

25 may 2018

Si tan solo me creyera que yo soy el mar



Nunca puedo delinear el detalle. Siempre bordeo las generalidades. No puedo naufragar en las profundidades de ningún océano, me quedo en la orilla de la mediocridad. Intento adentrarme en estas aguas y las olas siempre me escupen de nuevo a la costa; es un mar que no desea mi cadáver. Y la arena está tan entumecida en esta playa, que ni siquiera mis huellas dejan alguna marca en toda esta inmensidad, y el agua no penetra y no hay mejillones, solo peces muertos, solo residuos contaminantes que lastiman mis pies: trabas de la mente que subyugan mi existencia. 

16 may 2018

Vos hubieras dicho: bienvenidx a la humanidad.

Me encuentro desesperada. Por más de que mire por horas al techo, las manchas en las vigas de madera siguen siendo las mismas. Y ya no encuentro distintas formas. Son solo manchas. Pronto dejaré de ver al andróginx con las piernas abiertas, al caballo-dragón y a cristo crucificado. No quiero perder la esperanza que me ata a repetirme hasta el cansancio, del que nunca me canso realmente, que siempre hay más vueltas de tuerca de las que creo suponer. Y digo suponer, porque no estoy segura de nada, como la alarma de ese auto, dubitativa, que se activa por un ruido muy fuerte que no sé de dónde vino, y no tiene idea de que nadie está atentando contra el automóvil, pero ella suena igual, porque no lo sabe, porque es una alarma. 
No sé qué hacer con estas emociones tan prematuras. No sé en qué poste sostener mi espalda para no desmoronarme. No la pierdo. Mantengo la esperanza. Pero solo la puedo sostener, no sé cómo darle impulso a todo lo que llevo en las manos, que se me cae y yo levanto y se me cae y levanto.
No quiero caer en ilusionismos vacuos que hacen que la idea pierda valor; se trata de una especie de demagogia de los conceptos que se expande por todos lados, pero hacia ningún sitio va. Puedo verlas, parada en mi lugar, a las ideas como cosas que flotan a mi alrededor, pero no me atraviesan, no las asimilo. Nunca, ningún sitio que pueda tocar. ¿La fuerza de un pensamiento radica en su acción, en el obrar? No hago nada. No sé quién atornilló mis pies al suelo. Quizá fui yo. Todavía tengo manos. Todavía quedan rastros de mi voz y a veces vuelvo a cantar. 
¿No puedo hablar de esparcir buenos valores, sea lo que eso fuere, sino los promulgo mediante mis actos? Quisiera, a veces, no tener la esperanza tatuada en la piel. Todo ese candor, toda la amabilidad, todas las ganas de estar conmigo por sentirte complacido, ¿qué hago yo con esta esperanza? ¿Sobre qué escribiríamos si no hubiera injusticias en el mundo? No quiero perder la esperanza, porque el día que lo haga, de verdad no sabré qué hacer conmigo. Y asimismo quisiera despojarme de ella, porque así, cuando me esté arrastrando en el suelo, lo estaría haciendo sin más; sin levantar mis pedazos, sin buscar la cinta de papel para unir nada, sin programar el despertador a las cinco y media, sin mirarte de lejos con culpa de no haberme zambullido nunca en ningún lugar.

Soy ese charco de lluvia en la cuadra que refleja la suela de una mugrosa zapatilla antes de que esta caiga en mí y se moje. Traté de advertirte, pero nadie escucha a los charcos. Soy toda la poesía que pueda haber en un charco de lluvia. Hago tan bien mi papel, que también puedo ver cómo, al pisar esa baldosa traicionera, parte de mí, te mancha la ropa y arruina un momento de tu día. Sin embargo, no soy más que eso. Y el sol o la escoba de una vieja acabarán conmigo tarde o temprano. Pero en algún momento volverá a llover. ¿Y qué hago yo con toda esta esperanza mutilada?
Miro hacia arriba otra vez: creo haber encontrado una fogata, un alma y un hombre-tiburón.

11 may 2018

El sentido de la conexión




Apenas basta con tocar 
con un dedo 
el agua del mar de cualquier parte 
para estar tocando,
aunque estés lejísimo,  
una parte de África también;
porque el agua lo recorre todo,
decía Bernardo,
porque todo está 
en todas partes.
¿Por qué no lo puedes sentir, Montoto? 
¿Por qué te enredas en trivialidades
cuando al mundo
poco le importa
nada de lo que hagas
con todo esto?

1 may 2018

¿Vienes de lejos también?


¿Vienes de lejos también?
No recuerda su nombre
ni el planeta en el que vive.
¿Quién eres?
Yo te conozco.
Todas las mañanas me levanto y te siento.
A veces me olvido de tu rostro
pero sólo basta con verme en el espejo
para recordarte.
La bilis negra sabe de insistir.
Mi angustia es dorada,
pero no brilla.
El sol no llegó a evaporar el agua de adentro de las macetas
y la lluvia fue tan cruel
como no poder evitar ver las cosas que no queremos ver.
La desidia sabe cuán largo es su hábito
que amordaza con sogas de yute las cinturas
y magulla la carne hasta la asfixia, de viajantes que,
como yo,
sólo sabemos de arrastrarnos 
ante las instituciones de la existencia
porque a veces nos olvidamos de caminar erectxs.
Y nos volvemos cenizas,
cuando el fuego ya ha incinerado
hasta el más escondido recoveco,
como si, con la cabeza fundida al suelo, le pidiéramos perdón
al universo
por atrever a suspendernos
ínfimas eternidades
a través del tiempo,
crepitando inútiles
en una intrascendencia que no espera a nadie.
¡Vienes de lejos, sí!
¡Y no sabes en qué planeta vives!
¡Tampoco recuerdas tu nombre!
Pero ves cosas que no quieres ver.
¡Y luego no haces nada! 
Sólo contemplas día a día
pudrirse las raíces 
del mundo entero
desde hace siglos
(porque te atreves a decir que sabes lo que es mirar, como si fuese algo distinto de saber escuchar).
¡Pronto! ¡Está lloviendo otra vez!
Déjalas a las gotas perforar
el centro de tu cráneo. Oye la frialdad con la que te paralizas.
Y hasta combustionar
y fundirte con el resto
en una alquimia insondable,
toma ese trapo viejo:
créeme, deberás pulir
lo inevitable.

23 abr 2018

El sueño no me deja pensar

No sé desde hace cuánto no duermo de verdad;
mis ojeras se derriten sobre la almohada,
y son las tres y no...
No puedo recordar la última palabra.
Mis oraciones no cierran una idea
y no sé qué es lo que quería decirte antes de levantarme,
pero podría verte barrer todo el día mis palabras intrascendentes
y puedo escucharte hablar de todxs mis parecidxs sin que nadie sea lo que veo en el espejo.
En mis sueños puedo seguir las profundidades del dibujo,
que nunca logro en la realidad;
todos esos colores a merced de las formas,  aunque la magia no sucede cuando sostengo el lápiz.
Y me abandono en las sábanas rogando que de una vez por todas lata mi corazón.
Y me obligo a correr en cámara lenta hacia el terraplén en donde esperan cerdxs muertxs, aplastadxs lxs unxs a lxs otrxs,
cada vez que advierto 
que soy yo la que lleva la pala para cavar su fosa,
para juntar la inmundicia de mi raza que se me desprende de a migajas de la piel;
y en cada sueño;
los pasos en la escalera;
el ladrido del perro;
la claraboya en los días de lluvia.
Se va la idea. Pierdo el eje.
¡Regresa!
Ya llevo montañas y aún no he encontrado el anillo perdido.
¡Regresa!
Miro la hoja y se encuentra a medio camino la oración;
y son las tres y no...

15 abr 2018


No puedo despertar
del encantamiento
de la nada
que me invita
a ponerme en repeat
una y otra vez
cada vez
las mismas vueltas
y esa parte 
ya me la sé de memoria
que desde mi terraza 
no puedo ver las estrellas
y seguro que el charco de pis
en el suelo
solo soy yo
a veces miro hacia un costado
y lo veo
a veces la cara que pone
ya se lo dije
me hace cosquillas en algún lugar.

13 abr 2018

La vuelta

Ha pasado demasiado. O eso creo. Tengo recuerdos borrosos de los últimos tiempos.
Todavía sigo sin estar del todo aquí. 
Todavía se percibe desfasada. 
Miraba sus manos como una suerte de encontrar el ancla.
Miro mis manos como una suerte de encontrar un ancla.
El paisaje le obnubila la mirada.
El paisaje me enceguece.
El sol resplandece allá en lo alto. Se esconde entre la copa de los árboles, pero allí está. Y los árboles, no puedo alcanzarlos. Y en cada brisa aparece, el sol, para quemarme los ojos cada vez que miro hacia arriba.
Las formas son muy nítidas; no lo puede creer.
Nunca imaginé que esos verdes fuesen tan deliciosos.
Se le derrite la boca de imaginar su sabor.
Se me derrite la lengua de apenas recordar mi nombre.
Alrededor, sin embargo, poco puedo distinguir. La oscuridad pareciera querer abrazarme.
La oscuridad la abraza entre raíces secas y algo más.
Escucho susurros: viejas voces.
Pero los haces de luz le develan lo sagrado: la vuelta al barro. 
Cada espectro me atraviesa, cada partícula suspendida me mantiene en un capullo infinito.
He nacido tantas veces, tantas que ya no recuerdo, si alguna vez hubo una primera vez. 
Y de todas las veces que se ha muerto, 
no puedo hacer más que llorar.
Al mirar sus pies,
estoy descalza.
¡Ay! ¡Y el barro!
Quisiera estar desnuda, pero la ropa poco tiene que ver con aquel deseo de desvestir a los átomos. Y el barro es barro siempre en algún lugar, y es, porque lo pienso siendo.
Las voces se atrevieron a decirle que creen que este es un nuevo final.
Les grito en silencio que la serpiente se devora a sí misma.
Las voces la envuelven en la cuna de lo familiar: una Iglesia; un gato muerto; una caminata por el cementerio; una verdad; un árbol en otoño; un cigarrillo siempre por la mitad.
Miro mis manos y no veo la sangre. El falso alivio suelta un suspiro.
¡Tantas fueron las veces en que ha desconocido las líneas de sus manos! ¡Tan rojas! ¡Tan muerte! Pudiera haber estado vagando por cualquier otro lado esta vez, y hoy no es sangre sino barro, la sangre de la tierra, lo que embadurna los dedos y las palmas. 
No te equivoques, el suspiro es mío.
Se arrodilla, el demonio.
Me arrodillo yo.
La piedad.
Mi piedad.
Sus ojos se cierran.
Necesito encontrarme.
Una rama le chista. Los pasos del acercamiento. Un elemento exterior. Limitación de su propia mente: lo inesperado. El anhelo que la sacase de la eternidad imaginaria que alberga dentro.
Alguna realidad azarosa y otra vez el claro del bosque me materializa, porque supe ser aire. Y mis lágrimas supieron ser agua. Y mi pies, la tierra. Y mi boca, el fuego.
No sabe si es un sol o una luna.
Miro hacia arriba, hubiera creído que era de día. Puedo creerlo todavía.
No recuerda cómo.
No recuerdo cómo llegue aquí. Pero puedo verla ahora, como en un sueño. Aunque esto es real, debe serlo. Me siento etérea en esta neblina, y aún así, los haces de luz siguen perforándome la carne. No me puedo ir.
Permanece sentada.
Estoy esperando.
No sabe cuánto ha caminado.
He avanzado demasiado.
Ven, siéntate aquí conmigo. Por favor. Dime que no te irás otra vez. No tanto tiempo, al menos.
Su voz es la corteza desprendida. No suena tan mal el canto de un pájaro a lo lejos. El mismísimo viento meciendo la copa de los árboles. Un ciervo herido dejándose morir a la vera de un ciprés.  Los cazadores se deleitan.
Hundiré mis pezuñas en el fango, ¡y me ahogaré de ser necesario! ¡No querrán tocarme si estoy sucia!
Las voces que nunca se fueron, le reprochan a gritos la ausencia. ¿Acaso lo sabe? ¡Claro que lo sé!  La carcajada me brota como una semilla de pino y sube tan rápido como puede a hacerse eco entre los árboles. Mis ramas. Mis pequeños tallos. Todo.
La ve descomponerse: sus raíces tan mustias. Pero de todos modos intenta.
Me puedo ver crecer en la imposibilidad de una promesa. Mi voz es mi voz, como el barro es el barro. ¿Lo has oído? ¡Mi risa! ¡Tu risa!  ¿Nos has escuchado reír? ¿Te acuerdas de todas las veces que? Si llegase a hablarte no haría más que reprocharle a la vida. Me río porque nada ha cambiado tanto, pero hoy es todo diferente. Nada ha cambiado tanto y hoy todo es diferente, pero volvemos siempre a los mismos lugares: para ver qué ha sido de nosotrxs, para ver qué seguir haciendo, para recoger las sobras, repartir arbitrariamente y llevarnos el resto. Venimos a buscar espejos: melodías, un respiro. ¡Necesito esta tierra sacra en mis manos y en mis pies! La cofradía de verme en tus ojos de nuevo, que no son más que mis ojos y viceversa.
No sé si estoy dentro mío o soy lo que está por fuera. 
No sé si soy adentro de alguien más o afuera. 
No sé si fui o afuera. 
Pero estoy pensándome o alguien lo está haciendo, o afuera.
Mírame: soy eterna otra vez.

11 abr 2018

Destierra a tus ídolxs

Tienes que
tomar lo que puedas
lo que sirva
para tu aprendizaje
fíltralo
y luego debes largarte
cuando antes
de la idea de alabar
a las estatuas
porque todxs somos
de carne y huesos
y lo que mejor sabemos hacer
es errar
(por eso
derroca a tus ídolxs
y camina tu propio sendero
pero
en el trayecto
usa los cinco sentidos
que quizás 
en algún momento
aparezcan más).

10 abr 2018

Apoyo la mano en el vidrio: está frío. Pero hay algo más, ¿qué significa este sentimiento? ¿Qué es lo que busco aquí? Tal vez respuestas (y a través de ellas, la libertad). Me acerco cada vez más. Esto será cuestión de segundos, me repito, y es que, en definitiva, ¿qué es el tiempo? Estoy alerta, siento la adrenalina invadirme el cuerpo. Si tengo que correr, correré. Si tengo que pelear, estoy listo. Haré lo que tenga que hacer y luego volveré en forma de olor a tierra mojada, en forma de espectros de luces que rompen en un cristal; si es que aún queda alguien con quien pueda ir a reunirme. Tal vez encuentre algo de utilidad, quizá lo que vea me de más ideas. Porque lo que necesito es... sucumbir en la miseria más profunda, como siempre; demostrarme que puedo seguir viviendo a pesar de toda la inmundicia en la que nadamos a diario desde hace siglos; respirar a cuentagotas los pocos resabios que nos queden de fe en la humanidad. Necesito ver la realidad. ¿Y qué tiene este sitio de diferente a un matadero? Sólo quédate en silencio y oye, a lo lejos, los quejidos de los cerdos.

8 abr 2018

Me gusta 
tu costra 
y me pregunto 
qué habrá más abajo 
de las capas duras 
tengo un corazón 
después de atravesar 
la costra
más abajo
después de la carne
me dijo
pero es chiquito 
y sin lupa no se ve
si supieras 
cuánto me gusta 
tu costra
una vez
que
te arranques
la cascarita
me la voy a comer.