23 abr 2018

El sueño no me deja pensar

No sé desde hace cuánto no duermo de verdad;
mis ojeras se derriten sobre la almohada,
y son las tres y no...
No puedo recordar la última palabra.
Mis oraciones no cierran una idea
y no sé qué es lo que quería decirte antes de levantarme,
pero podría verte barrer todo el día mis palabras intrascendentes
y puedo escucharte hablar de todxs mis parecidxs sin que nadie sea lo que veo en el espejo.
En mis sueños puedo seguir las profundidades del dibujo,
que nunca logro en la realidad;
todos esos colores a merced de las formas,  aunque la magia no sucede cuando sostengo el lápiz.
Y me abandono en las sábanas rogando que de una vez por todas lata mi corazón.
Y me obligo a correr en cámara lenta hacia el terraplén en donde esperan cerdxs muertxs, aplastadxs lxs unxs a lxs otrxs,
cada vez que advierto 
que soy yo la que lleva la pala para cavar su fosa,
para juntar la inmundicia de mi raza que se me desprende de a migajas de la piel;
y en cada sueño;
los pasos en la escalera;
el ladrido del perro;
la claraboya en los días de lluvia.
Se va la idea. Pierdo el eje.
¡Regresa!
Ya llevo montañas y aún no he encontrado el anillo perdido.
¡Regresa!
Miro la hoja y se encuentra a medio camino la oración;
y son las tres y no...

15 abr 2018


No puedo despertar
del encantamiento
de la nada
que me invita
a ponerme en repeat
una y otra vez
cada vez
las mismas vueltas
y esa parte 
ya me la sé de memoria
que desde mi terraza 
no puedo ver las estrellas
y seguro que el charco de pis
en el suelo
solo soy yo
a veces miro hacia un costado
y lo veo
a veces la cara que pone
ya se lo dije
me hace cosquillas en algún lugar.

13 abr 2018

La vuelta

Ha pasado demasiado. O eso creo. Tengo recuerdos borrosos de los últimos tiempos.
Todavía sigo sin estar del todo aquí. 
Todavía se percibe desfasada. 
Miraba sus manos como una suerte de encontrar el ancla.
Miro mis manos como una suerte de encontrar un ancla.
El paisaje le obnubila la mirada.
El paisaje me enceguece.
El sol resplandece allá en lo alto. Se esconde entre la copa de los árboles, pero allí está. Y los árboles, no puedo alcanzarlos. Y en cada brisa aparece, el sol, para quemarme los ojos cada vez que miro hacia arriba.
Las formas son muy nítidas; no lo puede creer.
Nunca imaginé que esos verdes fuesen tan deliciosos.
Se le derrite la boca de imaginar su sabor.
Se me derrite la lengua de apenas recordar mi nombre.
Alrededor, sin embargo, poco puedo distinguir. La oscuridad pareciera querer abrazarme.
La oscuridad la abraza entre raíces secas y algo más.
Escucho susurros: viejas voces.
Pero los haces de luz le develan lo sagrado: la vuelta al barro. 
Cada espectro me atraviesa, cada partícula suspendida me mantiene en un capullo infinito.
He nacido tantas veces, tantas que ya no recuerdo, si alguna vez hubo una primera vez. 
Y de todas las veces que se ha muerto, 
no puedo hacer más que llorar.
Al mirar sus pies,
estoy descalza.
¡Ay! ¡Y el barro!
Quisiera estar desnuda, pero la ropa poco tiene que ver con aquel deseo de desvestir a los átomos. Y el barro es barro siempre en algún lugar, y es, porque lo pienso siendo.
Las voces se atrevieron a decirle que creen que este es un nuevo final.
Les grito en silencio que la serpiente se devora a sí misma.
Las voces la envuelven en la cuna de lo familiar: una Iglesia; un gato muerto; una caminata por el cementerio; una verdad; un árbol en otoño; un cigarrillo siempre por la mitad.
Miro mis manos y no veo la sangre. El falso alivio suelta un suspiro.
¡Tantas fueron las veces en que ha desconocido las líneas de sus manos! ¡Tan rojas! ¡Tan muerte! Pudiera haber estado vagando por cualquier otro lado esta vez, y hoy no es sangre sino barro, la sangre de la tierra, lo que embadurna los dedos y las palmas. 
No te equivoques, el suspiro es mío.
Se arrodilla, el demonio.
Me arrodillo yo.
La piedad.
Mi piedad.
Sus ojos se cierran.
Necesito encontrarme.
Una rama le chista. Los pasos del acercamiento. Un elemento exterior. Limitación de su propia mente: lo inesperado. El anhelo que la sacase de la eternidad imaginaria que alberga dentro.
Alguna realidad azarosa y otra vez el claro del bosque me materializa, porque supe ser aire. Y mis lágrimas supieron ser agua. Y mi pies, la tierra. Y mi boca, el fuego.
No sabe si es un sol o una luna.
Miro hacia arriba, hubiera creído que era de día. Puedo creerlo todavía.
No recuerda cómo.
No recuerdo cómo llegue aquí. Pero puedo verla ahora, como en un sueño. Aunque esto es real, debe serlo. Me siento etérea en esta neblina, y aún así, los haces de luz siguen perforándome la carne. No me puedo ir.
Permanece sentada.
Estoy esperando.
No sabe cuánto ha caminado.
He avanzado demasiado.
Ven, siéntate aquí conmigo. Por favor. Dime que no te irás otra vez. No tanto tiempo, al menos.
Su voz es la corteza desprendida. No suena tan mal el canto de un pájaro a lo lejos. El mismísimo viento meciendo la copa de los árboles. Un ciervo herido dejándose morir a la vera de un ciprés.  Los cazadores se deleitan.
Hundiré mis pezuñas en el fango, ¡y me ahogaré de ser necesario! ¡No querrán tocarme si estoy sucia!
Las voces que nunca se fueron, le reprochan a gritos la ausencia. ¿Acaso lo sabe? ¡Claro que lo sé!  La carcajada me brota como una semilla de pino y sube tan rápido como puede a hacerse eco entre los árboles. Mis ramas. Mis pequeños tallos. Todo.
La ve descomponerse: sus raíces tan mustias. Pero de todos modos intenta.
Me puedo ver crecer en la imposibilidad de una promesa. Mi voz es mi voz, como el barro es el barro. ¿Lo has oído? ¡Mi risa! ¡Tu risa!  ¿Nos has escuchado reír? ¿Te acuerdas de todas las veces que? Si llegase a hablarte no haría más que reprocharle a la vida. Me río porque nada ha cambiado tanto, pero hoy es todo diferente. Nada ha cambiado tanto y hoy todo es diferente, pero volvemos siempre a los mismos lugares: para ver qué ha sido de nosotrxs, para ver qué seguir haciendo, para recoger las sobras, repartir arbitrariamente y llevarnos el resto. Venimos a buscar espejos: melodías, un respiro. ¡Necesito esta tierra sacra en mis manos y en mis pies! La cofradía de verme en tus ojos de nuevo, que no son más que mis ojos y viceversa.
No sé si estoy dentro mío o soy lo que está por fuera. 
No sé si soy adentro de alguien más o afuera. 
No sé si fui o afuera. 
Pero estoy pensándome o alguien lo está haciendo, o afuera.
Mírame: soy eterna otra vez.

11 abr 2018

Destierra a tus ídolxs

Tienes que
tomar lo que puedas
lo que sirva
para tu aprendizaje
fíltralo
y luego debes largarte
cuando antes
de la idea de alabar
a las estatuas
porque todxs somos
de carne y huesos
y lo que mejor sabemos hacer
es errar
(por eso
derroca a tus ídolxs
y camina tu propio sendero
pero
en el trayecto
usa los cinco sentidos
que quizás 
en algún momento
aparezcan más).

10 abr 2018

Apoyo la mano en el vidrio: está frío. Pero hay algo más, ¿qué significa este sentimiento? ¿Qué es lo que busco aquí? Tal vez respuestas (y a través de ellas, la libertad). Me acerco cada vez más. Esto será cuestión de segundos, me repito, y es que, en definitiva, ¿qué es el tiempo? Estoy alerta, siento la adrenalina invadirme el cuerpo. Si tengo que correr, correré. Si tengo que pelear, estoy listo. Haré lo que tenga que hacer y luego volveré en forma de olor a tierra mojada, en forma de espectros de luces que rompen en un cristal; si es que aún queda alguien con quien pueda ir a reunirme. Tal vez encuentre algo de utilidad, quizá lo que vea me de más ideas. Porque lo que necesito es... sucumbir en la miseria más profunda, como siempre; demostrarme que puedo seguir viviendo a pesar de toda la inmundicia en la que nadamos a diario desde hace siglos; respirar a cuentagotas los pocos resabios que nos queden de fe en la humanidad. Necesito ver la realidad. ¿Y qué tiene este sitio de diferente a un matadero? Sólo quédate en silencio y oye, a lo lejos, los quejidos de los cerdos.

8 abr 2018

Me gusta 
tu costra 
y me pregunto 
qué habrá más abajo 
de las capas duras 
tengo un corazón 
después de atravesar 
la costra
más abajo
después de la carne
me dijo
pero es chiquito 
y sin lupa no se ve
si supieras 
cuánto me gusta 
tu costra
una vez
que
te arranques
la cascarita
me la voy a comer.
Hubiera querido ser como ustedes
cada vez que lo intento
no me sale
pero soy como ustedes
por eso fracaso
la arrogancia de mi lluvia
es como ácido
que no corroe nada
que quisiera tener una chispa
que encendiera todas las hogueras
pero
apenas puede calentarse las manos
con una taza de té
y apenas puede animarse
a mirarte desde lejos
y apenas dice
que se acuerda de respirar.

No tengo un mapa

Todavía no encontré la manera
de partirme en miles de pedazos
para esconder mis fragmentos 
por los rincones del universo
como un juego 
del tesoro
en el que quisiera
que alguien me encuentre
antes de que se me pudra el espíritu

pero es que adentro del cofre
sólo hay uñas mordidas
¿cómo te lo tengo que decir
para que entiendas?
en mi mente sólo suenan onomatopeyas
que de alguna manera digiero
hasta llegar al vómito irremediable
mentir por la boca 
el cántaro 
sobre algo que quiero decir
al mundo o a mí misma
sin decir nada en realidad

ego/del amor romántico y el pus

Sin embargo, con los años entendí que ese siempre fue mi papel: el de escribirte, el de dedicarte palabras, el de cantarte. Yo era la poeta a medias, la que nunca llegaría a buenos puertos con palabras tan endebles, la de barcos de papel en mares tan picados. Poco comprometida; la de escritos espasmódicos y presencia catatónica; la que tiene tiburones adentro de una pecera. Era yo la que tenía que escribirte a vos y a lxs otrxs miles que no tienen rostro, y jamás ser el poema de alguien más, y jamás ser parte de ningún cuento ni el desvelo nocturno de ningún alma enamorada. 

En algún otro tiempo

Deberías saber que detrás del pétalo que cubre mi boca hay espinas y alambres sujetos a la carne y cada palabra tira de mi pellejo, cada beso se dispone a desollar y sangrar, pero eso con el pétalo no se ve.
Deberías saber que no todas mis intenciones son buenas, que a veces nada de lo que hago es honesto, que miento y robo recuerdos por las noches; apostando mis ganas de volverte a encontrar en alguna otra plaza o distinguiéndote entre la multitud desde el polvoriento ventanal de algún colectivo; que a veces me invento amores, de esquina a esquina mendigando versos.
Deberías saber que sueño con ideales frustrados y fantaseo con amoríos sin sentido; que sueño con ir a España, casarme con el toro y matar al torero.
Deberías haber sabido que a veces envidio y olvido todo lo que tengo, que a veces tengo miedo de perderte, que a veces todo me da miedo; que me gusta escribir pero no tengo ideas que valgan la pena.
Has de encontrarme, si revisas, hecha un bollo de papel arrugado, en el fondo más oscuro y silencioso del tacho de basura de las cosas que se quedan a mitad de camino, junto al pétalo marchito y al lado de los restos del sacapuntas; sin llegar a España, sin salvar al toro, sin matar a nadie más que a este puñado de torpes palabras.

Déjà vu

A veces
los pájaros enjaulados
cantan más
que los pájaros libres.

En primera persona

Alcancé
a tragar
los cántaros de baba
que tenía en la boca.
Sentí vergüenza
de haberme quedado
con la mano extendida
queriendo alcanzar algo
que ni siquiera sabía con exactitud
de qué se trataba,
pero era una especie
de tesoro perdido,
algún objeto fosilizado
en el tiempo.
Pude ver más
que el néctar,
sino la miel,
sino a la abeja reina
zumbándome
en la cara
con su enorme culo,
apuntando el aguijón
directo hacia mi pecho. 
Era inútil
tratar de serenarse:
el corazón
le daba
tales zancadas
que parecía
que en cualquier momento
lo vomitaría
y este abriría
desesperado
la puerta,
manchando
con su sangre
por doquier,
tiñéndola
con toda la intensidad
de lo que siempre
le fue fácil
guardar en los bolsillos.