8 abr 2018
Las últimas pajas en tu nombre fueron desoladoras. Cuando llegaba el momento me tapaba la boca como con asombro, mientras disfrutaba de imaginarte al ritmo en el que se contraía mi intimidad. Dios..., pero sólo de imaginar, que eras vos quien me hacía llegar con los dedos, con la lengua, con la verga caliente. Y entonces, sin más, antes de que pudiera imaginar del todo tus contornos, se apresuraba el respiro profundo, clamando entre viscosidades que nunca hubo piel. La vela de la idealización se apagaba y a oscuras permanecía, despidiéndome, con la mano aún inmersa adentro de mi ropa interior.
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