8 abr 2018
La Fe
Tu amor era bueno para masturbarme las ideas, no para tocarte la piel, que siempre fue como el papel de lija. Concretar con vos era como bañarse con agua tibia tirando a fría en invierno, no daba gusto. Pero imaginarte era diferente. Hay personas que idealizan y luego se desilusionan, pero hay personas hechas para ser idealizadas; preparan el terreno, lo hacen. Encontraron mucho antes el gusto a la imagen que genera una idea. Concretar el deseo será siempre menos satisfactorio que mantener viva una llama interior, que es dulce; las moscas-pensamiento se hacinan alrededor del néctar, desesperadas. Y se te hace agua la boca de imaginar llegar a un límite, que, entre líneas, sabés que no hay que traspasar. Porque el orgasmo del pensamiento es más fuerte que el que pueda experimentar un cuerpo físico, que luego se sentiría patético y acabado, donde la liberación de endorfinas ha consumido al tiempo hasta dejar en el cuerpo la tristeza del sabor a poco. Y a la mañana siguiente todo volverá a empezar. Algunos días creés en Dios, luego dejás de hacerlo.
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