8 abr 2018

Memorias cortas

Deseas estar en una pesadilla y nada resulta más lejano que palpar la realidad en la oscuridad recalcitrante, la que antes no habías de notar; en donde pequeños destellos se balancean, pero no son ángeles. Tu garganta se cierra y la vida se estruja en tu pecho, y sientes que hay almas que se disipan; la tuya es una de ellas. ¿A dónde piensas ir?
Buscas a quienes vinieron contigo, no encuentras más que tu cuerpo traspasando barrotes y la mirada perdida de una mujer que se choca con la tuya mientras intentas pensar en, ¿en qué? Esto está sucediendo, te dicen esos ojos. Desearías saber si aún parpadean.
No hay escapatoria, a menos que alguien te saque; tu cuerpo es pequeño, tu fuerza física para salir por tus propios medios es nula. El único refugio es la mente, donde repetirte hasta el desmayo: yo no voy a morirme en este lugar.

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