Miro hacia adelante
y el camino me agobia;
un barquito
hecho de papel de ticket de supermercado
que se hundiría
al más mínimo oleaje.
Miro hacia atrás
y hay un mar de vómitos
que amenaza
con crecer y tragarme;
borra en mis orillas
las pisadas del ayer.
Me apuro
y hacia adelante, otra vez.
Pienso
que de todos modos
me estaré moviendo,
pero
otra voz susurra,
como lo haría
el sonido de una ola
rompiéndose en la escollera de mis accidentes epidérmicos,
que tampoco así
estoy yendo
a ninguna parte.
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