8 abr 2018
Atormentado de sentido
Entiendo lo que cuenta, aunque esté drogada. Estoy parado, estático, la escena sigue pareciéndome erotizante, pero mi rostro no lo demuestra; desierto. O será que su dolor resulta atractivo para alguien como yo. Son viejos vicios, que a veces se hacen sentir más. Piensa en un limón, ¿lo tienes? De verdad, piénsalo. Imagina su aroma, que acaricias la cáscara amarilla radiante. Piensa en que muerdes la pulpa de ese limón. ¿No sientes cómo se te hace agua la boca? Hay notas musicales, aromas, texturas, todo un mundo enorme de sensaciones que nos hacen agua la boca o nos erizan la piel o nos mueven un poco ese algo, un pelo del culo o lo que sea. Pues hay ciertos dolores que me causan, digamos, esto: estar parado, meciéndome entre la cordura y la desmesura: anestesia mental; como pendiendo de un hilito mientras en mi boca hay mares inmensos de baba, pero no los suficientes para apagar el incendio que me consume por dentro, en cada latido que machaca hierbitas en un mortero de piedra; la sensación me causa algo incómodo en los dientes mientras la contemplo, pero siento más incómoda el alma. ¿Será porque en ese sitio donde debería haber algo no hay nada?
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