Extraño a una persona que no es, que dejó de ser hace trece años. Siempre vuelven nítidas esas imágenes previas. El abrazo de saludo había sido encantador; me llevaba una cabeza y media.
Luego Laura estaba sentada en la cama de mis viejos, contándome que le gustaba alguien mientras me cambiaba; yo me estaba poniendo mi remera favorita. Recuerdo que hacía calor esa tarde.
Me acuerdo de la luz que ingresaba por la ventana y que prendí el ventilador, pero no recuerdo verlo girar. El juego constaba en que yo iba diciendo nombres de personas que se me ocurriesen a ver si le atinaba a quien era la persona que a ella le gustaba, se suponía que yo conocía a ese alguien. Pero entre idas y venidas sonó el timbre y quedamos en que a la vuelta me iba a decir.
Dejó las llaves de su casa en la mía porque después se las llevaría.
Victoria nos pasó a buscar y nos fuimos a Cromañón.
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