8 abr 2018
Escritos del viejo
Había procurado hacer lo posible para no salir, pero hoy era diferente. Se sentía bastante animado y no tenía hambre; la calma que antecede al huracán. Fue por eso que limpió su espacio y procuró higienizarse un poco. No es como si estuviera muy pendiente de la higiene personal, de todos modos. Cambió su ropa por una tanda que no estaba tan sucia como la que llevaba puesta, aunque tampoco estaba limpia. Se olió las axilas y no había nada fuera de lo común: azufre, ceniza, madera encendida, un poco de tabaco. Y sin embargo, pensaba, ¿qué iba a importar eso o aquello? ¿Cómo se disimula la suciedad del espíritu?
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