Deberías saber que detrás del pétalo que cubre mi boca hay espinas y alambres sujetos a la carne y cada palabra tira de mi pellejo, cada beso se dispone a desollar y sangrar, pero eso con el pétalo no se ve.
Deberías saber que no todas mis intenciones son buenas, que a veces nada de lo que hago es honesto, que miento y robo recuerdos por las noches; apostando mis ganas de volverte a encontrar en alguna otra plaza o distinguiéndote entre la multitud desde el polvoriento ventanal de algún colectivo; que a veces me invento amores, de esquina a esquina mendigando versos.
Deberías saber que sueño con ideales frustrados y fantaseo con amoríos sin sentido; que sueño con ir a España, casarme con el toro y matar al torero.
Deberías haber sabido que a veces envidio y olvido todo lo que tengo, que a veces tengo miedo de perderte, que a veces todo me da miedo; que me gusta escribir pero no tengo ideas que valgan la pena.
Has de encontrarme, si revisas, hecha un bollo de papel arrugado, en el fondo más oscuro y silencioso del tacho de basura de las cosas que se quedan a mitad de camino, junto al pétalo marchito y al lado de los restos del sacapuntas; sin llegar a España, sin salvar al toro, sin matar a nadie más que a este puñado de torpes palabras.
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