No sé desde hace cuánto no duermo de verdad;
mis ojeras se derriten sobre la almohada,
y son las tres y no...
No puedo recordar la última palabra.
Mis oraciones no cierran una idea
y no sé qué es lo que quería decirte antes de levantarme,
pero podría verte barrer todo el día mis palabras intrascendentes
y puedo escucharte hablar de todxs mis parecidxs sin que nadie sea lo que veo en el espejo.
En mis sueños puedo seguir las profundidades del dibujo,
que nunca logro en la realidad;
todos esos colores a merced de las formas, aunque la magia no sucede cuando sostengo el lápiz.
Y me abandono en las sábanas rogando que de una vez por todas lata mi corazón.
Y me obligo a correr en cámara lenta hacia el terraplén en donde esperan cerdxs muertxs, aplastadxs lxs unxs a lxs otrxs,
cada vez que advierto
que soy yo la que lleva la pala para cavar su fosa,
para juntar la inmundicia de mi raza que se me desprende de a migajas de la piel;
y en cada sueño;
los pasos en la escalera;
el ladrido del perro;
la claraboya en los días de lluvia.
Se va la idea. Pierdo el eje.
¡Regresa!
Ya llevo montañas y aún no he encontrado el anillo perdido.
¡Regresa!
Miro la hoja y se encuentra a medio camino la oración;
y son las tres y no...

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