Otra vez fue jueves
Lo que más sufría en aquellas épocas no era el desamor o la no correspondencia, sino el hecho de saber que eso no iba a ser suficiente para desarmarme, siendo inevitable tener que transitar el malestar y la desidia momentánea que provoca la noción de una supuesta pérdida, y el vacío de una existencia que tampoco es suficiente, pero que sin embargo mantiene tenso el hilo de una enorme bola que girará hasta el día de mi muerte.
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