Volvió el calor y me tocó llorarte un domingo; al nacimiento y la caída de una estrella. Eso mismo. ¡Qué selectivo es el dolor!
¡Qué podredumbre verte augurar por las causas justas masticando un trozo de carne! Eso me recuerda que siempre dejamos esquinas sin mirar, algo siempre se nos escapa, y que cuanto más lo intentás, más puede verse que no se es consecuente con todo, y que por más de que se rebusque en cajas de fotografías viejas, de esas que hay en la mayoría de las casas de algún ser que te haya criado, ahí no va a haber tantas respuestas, aunque sí pueda verse el paso del tiempo en los ahora avejentados rostros. Mirá, este es mi ombligo. Vos también tenés uno. El umbilical lo perdimos hace rato, pero qué curioso es que quede esa marquita ahí.
¡Qué podredumbre verte augurar por las causas justas masticando un trozo de carne! Eso me recuerda que siempre dejamos esquinas sin mirar, algo siempre se nos escapa, y que cuanto más lo intentás, más puede verse que no se es consecuente con todo, y que por más de que se rebusque en cajas de fotografías viejas, de esas que hay en la mayoría de las casas de algún ser que te haya criado, ahí no va a haber tantas respuestas, aunque sí pueda verse el paso del tiempo en los ahora avejentados rostros. Mirá, este es mi ombligo. Vos también tenés uno. El umbilical lo perdimos hace rato, pero qué curioso es que quede esa marquita ahí.
No hay comentarios:
Publicar un comentario