8 abr 2018

Escritos del viejo V

Atravieso el umbral de la puerta: cambia el aire. Nuestras almas, en caso de tenerlas, abandonan momentáneamente nuestros cuerpos. Ese cambio de aire te hace sentir ligero, como si por cuestión de segundos de verdad fueses libre, ¿entiendes a qué me refiero? Son momentos ínfimos en los que hay una especie de vacío y no piensas en nada más, sólo en el cambio de aire, al que no reconoces de inmediato, pero sabes que te sienta bien y eso es todo. Luego necesitarás más y otra vez volverás a la misma insatisfacción de siempre: la de respirar para vivir, la de respirar no sólo respirando. 
Estoy seguro de que las almas se irían lejos si no estuviesen amarradas a los cuerpos que están condenadas a habitar. Si fuese un alma, no me gustaría estar encerrado en un cuerpo, un frasco, un jodido frasco, un jodidísimo frasco.
¡Concéntrate, cabrón! 
¡Vuelve a la Tierra! 
¿Dónde estás?
Aquí. 
¡Eso es!
Oooooooooommmm.

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