8 abr 2018

Pajas mentales

La realidad me perturba. Está por todos lados. Miro una fotografía y esa ya no soy yo. Miro la captura de la escena de una película, que es quien soy en otro lado, en otra dimensión, pero me rompo y la realidad me sacude, me caga a cachetazos y todo desaparece. Y resulta que estoy parada en un sitio con música al palo, con gente rodeándome que habla a los gritos y baila. Estuve contándole una historia de mi realidad a alguien y caí en la cuenta de que nada es tan importante; que el trabajo; que la casa; que el cáncer; que la calesita infernal. Tengo un vaso a medio tomar en la mano; el show todavía no empezó. Me puse a pensar que después voy a estar esperando el bondi en esa calle de mierda, y que la realidad me va a seguir rodeando; que más tarde me voy a levantar envuelta en sábanas de realidad. Me voy a mirar al espejo salivando el gusto a cerveza en la boca pastosa, y me voy a ver a mí, a mis dientes, mis ojeras, mis manchas; a esa proyección que a veces cambia, a la que a veces le crece el pelo, que a veces tiene ojeras, que a veces se ríe y a veces se quiere matar; que te dice a gritos que te necesita y vos no escuchás ni un murmullo de toda esta inmundicia, Vida. La realidad es diferente a cómo la imagino. Ella es, aunque yo me olvide de su transcurso sigue siendo. Y cuando miro una fotografía y creo comprender mis otras vidas, me doy cuenta de que nada es como yo pienso; sólo es una proyección de lo que creo que es. 
Y otra vez sigo parada acá. Y otra vez nada es tan importante. Tuve que sacar un cuaderno que llevo en la mochila para escribir todo esto. Era eso o empezar a gritar como una condenada que quiero ser libre, ¡libre de verdad! ¿Pero libre de qué? Y sé que nadie va a venir por mí a salvarme de un carajo ni a decirme, por lo menos, que la libertad es una farsa, que estamos enteramente condicionadxs, limitadxs o prohibidxs. Más tarde voy a estar esperando el bondi en esa calle de mierda, ese bondi que nunca llega.

No hay comentarios:

Publicar un comentario