No se sintió tu falta.
Eso me dijiste.
No voy a dejar
que tus palabras me maten
y me ausenten
y me entierren
y después,
apenadas,
me lleven flores marchitas a ningún cementerio del alma.
Porque aún respiro,
aún vivo
y lloro
y río
y puedo decir lo que siento
porque tengo una boca
que es mía,
que desborda mares de saliva;que respira.
Y lo seguirá haciendo.
Aún cuando ya no sienta tu falta.
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