8 abr 2018

El sinsentido

Se acaba Abril, pero, ¿a quién le importa? ¿qué es un mes? ¿qué son los días? Yo creo que hoy el tiempo me sabe a té verde. Y mi mensaje, ¿se dirige a alguien que no sea yo misma? Y afuera las narices se congelan y, ¡ay! ¡cuántas comodidades! Todo es tan virtual hasta que deja de serlo. Y después, ¿qué? Nadie contesta. Yo me contesto. Pero, ¿cuál es la idea del diálogo entonces? Mejor dicho, la idea de un otro. Emisor, mensaje, receptor. Esx otrx, ¿es alguien ajeno a unx mismx?
El último sorbo de un sábado en su máximo apogeo, el té se acaba y la neurosis, ay, ¡la neurosis! Los filos de luz que ingresan por la ventana parecieran quemarme la piel en la penumbra de la habitación y pienso en si pensaría lo mismo si hoy tuviera hambre, la física, la que son como puños cerrados estrujándose con fuerza en el estómago. La filosofía no serviría de nada en una situación semejante, créeme. La gente tiene hambre. 
¿Y qué hay de la hambruna del espíritu?; existe también. Oh…, y sin embargo hoy puedo gozar de esto, me siento bendecida por el universo, por mí misma también (¿y es que no somos unx?): ¿por qué negarme a entender que puedo elegir ciertas formas de vivir y por consiguiente vivirlas con consciencia?
Puedo incluso entender de qué va eso de la piedad y la misericordia. ¿Nunca has percibido a la historia como una suerte de teléfono descompuesto? ¿Cuántas veces te has levantado de la cama diciendo “¡mierda, hemos entendido todo mal!”? 
Seguramente; de seguro la luz te queme. 
Y lo que a veces podría molestarte del discurso, ¿no es un poco más de lo que también te conforma? La realidad perturba. Las cosas no son así, se hicieron así, están así y pueden cambiarse. 
Y las nociones que manejamos de justicia son tan endebles, como varillas de mimbre, pero el universo te lo dice a gritos: clama por la unidad de toda sustancia, de toda partícula, molécula, idea. ¿Abril? ¿cuántos saquitos de té tiene el mes de Abril?
¿Es una determinada situación de vida condicionante irremediable en realidad? No puedo hablar de justicia hoy, entre iguales, viéndote comer un bife con papas fritas ni puedo paliar el ardor de mi alma al oírte escupir, mientras masticas la carne asesinada vilmente, cuestiones de clases sociales cuando al holocausto más grande lo tienes atravesado entre los dientes.
Pero tengo que. Tengo que.

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