Ante mi desesperación decidí acudir a tu optimismo. Extrañaba tanto tus formas y esos rulos dorados que tenías en el pelo, compañero, que te hacían ver como un sol con patas. Te podrás quedar pelado, pero no vas a dejar de tener ese sol en la cabeza. Y no, no me siento mejor. Pero me bañás con tus palabras solares, de alguna forma, y por un momento me siento limpia. Una ducha de vez en cuando no le hace mal a nadie, ni aunque habite en el más apestoso de los chiqueros. Aunque ya he aprendido a bañarme sola, nunca dejé de bañarme sola. Tal vez por eso también me alejé; porque tus rayos llegaban a quemarme y sabés que nunca me gustó usar protector solar. Tardan en curarse las quemaduras de tercer grado. Pero las tuyas son lindas de ver cicatrizadas en la piel y en los recuerdos.
Me dijiste que el contacto no se va; que basta con que uno piense al otro para que el contacto prevalezca aunque el otro no lo sepa; que estamos conectados como los planetas en el Sistema Solar. Entonces te pienso muchas más veces de las que aparezco en tu vida a hacer acto de presencia y vos jamás te enterás. Mantengo el contacto, como decís. Espero de alguna forma te llegue que estoy brindando por vos y porque sigas alumbrando cada cosa que tocás, sol con patas, y porque sigas quemando la vida, también.
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