Percibí el aire
y lo sentí real,
inundando mis pulmones,
tan real que tuve miedo.
Esto pasó hace varios días.
Ahora no siento real el aire,
pero me queda el recuerdo;
alguna vez percibí el aire y lo sentí real.
Y las sensaciones se fueron acumulando,
una pila de recuerdos
de percepciones,
una angustia tras otra,
una risa encima de un suspiro,
una boquita entreabierta
perdida en el paisaje que ofrece la ciudad
a través de la ventana de un colectivo
que se detiene en cada semáforo en rojo,
en cada semáforo en rojo.
¿En algún momento
pensaste en que cabe la posibilidad
de que tu mente se esté viajando?
Así, como suele decirse,
alguien que conozco diría que sólo se trata de las malas lenguas.
Sabés a lo que me refiero,
a sentir real el aire.
A sentir real el aire.
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