8 abr 2018
La cena
Estás tan cansadx, pero tenés que comer algo, así que vas hasta la alacena, la abrís y pensás que no sabés cómo hacer para no vivir rodeadx de polillas. No hay mucho para elegir. Hay una lata de lentejas; agarrás eso. Tardás más de cinco minutos tratando de encontrar el abre latas en el cajón. Lo mirás sin entender cómo fue que se oxidó tanto. Vas a buscar una cucharita. Luego caminás hasta la heladera pensando en algo para acompañar la obra maestra del chef. Hay unas aceitunas descarozadas que ya están medio apelmasadas, pero no te importa; las agarrás. Probás una y decidís comer más; vas a sobrevivir. Las mezclás con las lentejas que aunque les hayas escurrido el agüita aún siguen aguachentas. Mientras comés, pensás que eso es la existencia: cenar, con suerte, con mucha suerte, porque hay personas que no tienen ni la mitad de comodidades que vos en este momento, una lata de lentejas, mientras el mundo alrededor se cae a pedazos. Y eso hoy va a estar bien.
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