8 abr 2018

horror vacui

Tenemos tanto miedo al vacío,
al olvido,
a quedar suspendidos
en un tiempo sin tiempo,
en un espacio sin espacio.
Siquiera se ve el hilo que nos ata:
el aire
no se ve.
No tiene sentido.
Luego te acuerdas que naces,
pero más tarde te has olvidado
de lo fundamental
y los días vuelven a sucederse,
una y otra vez,
hasta que
naces de nuevo;
nunca hay final.
Despiertas, 
sudado,
boqueando como un pez,
sobre un colchón sin sábanas.
Miras a tu alrededor
la tenue luz de la habitación:
las persianas están bajas.
Y es otro día, sí;
pero lo percibes real,
lento,
lo respiras.
Sólo ha sido 
una puta pesadilla,
te dices.

Vas al baño:
te lavas los dientes,
te miras en el espejo,
exprimes un grano que hay en tu frente.
Una pesadilla horrenda,
recuerdas, 
sin atribuir más importancia.

Sales del baño.
Si no me apuro llegaré tarde,
murmuras.
Horror vacui
cotidiano,
de no parar ni un segundo
para no quedar en suspensión.
Aquí los tiempos tienen tiempo,
los espacios son espacios de verdad,
dices.
Pero no te percatas
de que te has olvidado algo:
el reflejo en el espejo, 
se ha quedado mirando tu espalda 
mientras te marchas.

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